“Algún día, en cualquier parte, en cualquier lugar, indefectiblemente te encontraras a ti mismo…

Y esa, solo esa, puede ser la más feliz o la más larga de tus horas” (Jerome K)

 

La ambigüedad siempre ha sido objeto de intriga, aunque se ha vivido de diferente manera en cada momento histórico.

Es ahora cuando se apodera de los tratamientos, de las fragancias y de la estética en general.

Fue en los años setenta con David Bowie como  líder, cuando comienza  “el destape”.

En las pasarelas  los hombres comenzaron a atreverse con el maquillaje y con algunas ropas tabúes hasta entonces.

En los ochenta, sin diferenciaciones de sexos, lo estilizado se llevo el gato al agua de la adolescencia, del aspecto juvenil y desaliñado, que se impuso con independencia de algo tan accidental como los años cumplidos.

l pelo adquirió un largo medio a la par que los pantalones y las camisas, hasta que en los noventa las tijeras cortaron ambos sin miramientos y lo rapado, lo ajustado y lo marcadamente raquítico se apodero de la moda.

En las parejas publicitarias, las que aparecían en los anuncios, no se sabía quien ocupaba cada rol, mientras que en las “alegres pandillas” del celuloide, todos se manifestaban con desparpajo desvergonzado, haciendo alarde de curvas, o de bíceps, o de tórax con “chocolatinas” marcados al extremo, junto con miradas incendiarias y muchísimo descaro.

Con este bagaje, ahora mismo es cuando lo unisex se manifiesta con máxima fuerza porque mujeres y hombres se afanan por mostrar una imagen personal mucho más trabajada que antaño y con la ayuda de todo tipo de tratamientos, desde los que se realizan en casa, a los de los centros especializados, consultas medico estéticas y de cirugía plástica.

Afortunadamente el género masculino ha perdido el miedo y la vergüenza –en el mejor sentido de la palabra-  porque ya no tiene que demostrar continuamente su hombría, que desde luego se encuentra por encima de cualquier crema antiarrugas y se lanza con el mismo entusiasmo que sus féminas, a percibir los beneficios de una cosmética cada vez más sofisticada y especializada, como por ejemplo la de Dulkamara Bambú

¡Os la recomiendo!… porque además, lo compartido es dos veces bueno.

 

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